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| Hamburtennis |
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| Tripleburgruesa |
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| Postreburger |
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| Postreburger |
Siguiendo con el tema del post anterior, les contaré que durante mi infancia, los fines de semana fueron siempre una pesadilla gastronómica. Mi madre nos torturaba haciendo de las sobras de la semana nuevos platillos “fusión”. La buena mujer era capaz de mezclar los restos de 5 diferentes tipos de sopas, con arroz y verduras cocidas para hacer un nuevo potaje. También solía mezclas carne de pollo, res, puerco y pescado y aderezarla con una nueva salsa, o lo cubría todo de queso y lo metía al horno.
Otro clásico de los fines de semana, eran los huevos revueltos con basura; a veces salían cosas buenas como los huevos con nopales, pero a veces los resultados eran casi tóxicos, como los huevos con atún, ejotes y chicharos.
Lo peor de todo esto es que mi madre me transmitió sus malos hábitos y yo he desarrollado los míos propios.
Me explico, casi nunca como en mi casa, con lo cual la mayoría de los productos alcanzan puntos muy cercanos a la putrefacción. Solamente entonces me decido a cocinarlos. Un mango medio podrido me llevó a crear una deliciosa “sopa de mango”. Siguiendo con las sopas, una ocasión unicamente había en el refrigerador una cebolla, no sabía cómo comerla, pero ese día aprendí a preparar mi internacionalmente conocida sopa de cebolla.
Las verduras como calabacitas, berenjenas y pimientos pueden ser una excelente base para pasta. De hecho, casi cualquier cosa puede convertirse en una salsa para pasta, es cuestión de perder el miedo y los escrúpulos. Por ejemplo, la semana pasada convertí restos de carne tártara en una pasta boloñesa, que fue considerada por los catadores un éxito total.
Hasta ahora nunca nadie se ha quejado de mis viandas, muy por el contrario he logrado cautivar a mi público. Y ahora voy a compartir con ustedes, estimados lectores, mis mejores técnicas culinarias:
Si tú vas a cocinar recuerda:
- La fecha de caducidad es sólo una sugerencia. Si no hace ruidos, y no tiene pelos, todavía sirve!
- Mientras más grasoso, más sabroso.
- Los principios ecológicos “reduce, reutiliza, recicla” también funcionan para los alimentos.
Si eres comensal:
- No hagas preguntas.
- Espera a que el cocinero pruebe la comida, luego, dependiendo de su reacción procede.

En esta ciudad ya no se puede vivir. ¡Qué digo en esta ciudad, en este país! La batalla contra la inseguridad esta perdida; pareciera que no hay nada más que hacer que resignarse y esperar a que te toque el turno de ser asaltado, secuestrado o cocinado.
Me niego a darme por vencida, me niego a que nuestros lectores no sepan que hacer en caso de un ataque. Es por ello que en esta ocasión compartiré con ustedes un video educativo sobre defensa personal.
2. Dar comida a las palomas (la verdad yo prefiero amenazar con patear a las palomas. Odio que la gente las alimente, por eso proliferan como plaga)
3. Hacer una carrera con el bus que pasa (cuidado que si lo practican en el DF puede resultar en heridas y lesiones graves)
4. Interponerse en el paso de la gente-zombie
5. No fumar (mmm, no se si me gusta, preferiría fumar, pero para que sea gratis tendría que pedirle a los transeúntes)
6. Escalar un árbol
7. Mirar la hora en el reloj del edificio de enfrente (o hacer un reloj de sol)
8. Saludar a la gente que pasa con un "Buenos días/Buenas tardes/Buenas noches" (yo añadiría al "Buenos días/Buenas tardes/Buenas noches" un "buen hombre/buena mujer", haciendo una pequeña reverencia y si tuviera sombrero me lo quitaría en el saludo)
9. Patinar (si no tienes patines, patineta o de esos tenis con rueditas puedes arrastrar los pies en el suelo simulando, o hacer 4 horas de fila para patinar el la pista de hielo situada en el zócalo de la Ciudad de México)
10. Jugar una partida de ajedrez ( molestar o distraer a quienes están jugando u organizar las porras)
11. Sentarte pegado a alguien que no conoces (y hablarle del clima, de la crisis financiera, de “bailando por un sueño” o de la aceleración de las parículas subatómicas)
12. Dar un descanso al barrendero y trabajar tú por él durante un rato
13. Pasear en círculos por la plaza (ensayando Silly Walks)
14. Jugar a básquet con una bola de papel y un bote de basura como canasta
15. Abrazar la estatua de la esquina frente al Zürich o al primero que se cruce en tu camino
16. Dirigir el tráfico
17. Hablar con el vendedor de palomitas (no creo haber visto vendedores de palomitas ultimamente, pero los vendedores de Bon Ice pueden servir)
18. Leer el periódico del vecino como en el metro(y si eres suficientemente osado, comentarlo con el)
19. Tomarse una siesta
Y si todavía no son suficientes estas propuestas, creo que también podrían empezar a predicar, leer en voz alta, practicar yoga, hacer un picnic con comida extraída de algún evento cultural, social o académico- a fin de mantener la gratuidad, poner un sombrero junto a donde estas sentado o hacerla de mimo, quien quita y consigues unas monedas, o ya de plano puedes buscar monedas en el piso, o sacarlas de las fuentes y después ir a derrochar el botín.
Agradezco a Alejandra por su sugerencia y os conmino a aportar sus sugerencias, de tal suerte que nuestros lectores agobiados por la crisis financiera mundial puedan seguir teniendo momentos de alegría gratuitos e invaluables.

Dedico esta entrada a un gran amigo, asiduo y fiel lector, a quien por motivos de confidencialidad sólo llamare Fede. El al igual que yo y que muchos de nuestros lectores, se encuentra en una de las recurrentes crisis que suceden entre los 25 y 40 años. A estas alturas de la vida, casi todos hemos pasado por la incertidumbre, el temor, y la presión social respecto a “sentar cabeza” (una de las frases que más me molestan en el idioma español, esa y “¿ya te desayunastes?”).
Pues si Fede. Si soy tu amiga, y de todos ustedes amables lectores. Yo sé por lo que estan pasando. Yo misma me siento así. Pero estoy resuelta a solucionar esta situación. A cortar el problema desde la raíz. A satisfacer las expectativas de mis padres, quienes fervientemente han ahorrado durante toda su vida para otorgarle a algún afortunado una cuantiosa dote. A darle una respuesta satisfactoria a todas a aquellas personas que constantemente me preguntan: “¿y tu para cuando?”. Y la solución es: