20 noviembre, 2007

De primera…¡mis polainas!

En las últimas semanas he notado que los autobuses del servicio de transporte público de pasajeros de la Ciudad de México portan una gran calcomanía color amarillo, en la cual externan su preocupación respecto a que las bajas tarifas no permiten subsanar los costos de operación de las unidades. El lema de su campaña es “Servicio de primera, con tarifas de tercera”. He de decir que hace mucho tiempo no me sentía tan profundamente indignada. Todos los días utilizo en transporte colectivo, y estoy muy de acuerdo con que la tarifa, que oscila entre los 2.50 y los 4 pesos (esto es entre .22 y .45 dólares, para nuestros lectores en el extranjero), es insuficiente, muy de acuerdo Que las tarifas no son suficientes para mantener los autobuses en buen estado, y que la mayoría están en condiciones que resultan peligrosas, también estoy de acuerdo. Pero que esos miserables conductores, con cerebro de ostión lobotomizado, estómagos con patas, remedos de persona, cuando más antropomorfos, se atrevan a decir que ofrecen un servicio de primera me revuelve el estómago.

Cada día, el subirse a un “micro” es retar al peligro, ver de frente a la más rampante ilegalidad, es ser testigo de la impunidad. Los choferes (y disculpen nuestros 6 fieles lectores si alguno es conductor) son lo más parecido simios subentrenados. Intentan ganarse la vida haciendo algo que no saben hacer, manejar, y ni siquiera intentan hacerlo mejor cada día. Entre las peores faltas y las que más exaltan el espíritu de esta queja puedo enumerar:

  • Conducir a exceso de velocidad, mientras fuman, hablan por teléfono, escuchan música endemoniada a un volumen ensordecedor y se ligan a la señorita que va en asiento del copiloto, el asiento destinado a “la guapa”.
  • Salirse de las rutas establecidas, para ahorrarse unos minutos en el tránsito.
  • Pararse donde les da su gana sin respetar las paradas o los señalamientos viales.
  • Tener algunos parásitos conocidos como “checadores de ruta”, los cuales por una módica cantidad de dinero invitan a los pasajeros a subir a la unidá “subale, subale, hay lugares”, retienen el tránsito, incomodan a los pasajeros, informan al conductor cual es la unidad más próxima y lo exhortan a rebasarla.

En fin, podría seguir largamente con una lista de quejas; podría hablar además de la calidad de los pasajeros, que tampoco somos de primera, pues nos importa muy poco respetar las paradas establecidas; o podría dejar de usar ese tipo de transporte, pero las alternativas tampoco son buenas. El punto es que yo gustosamente pagaría el doble o el triple si en verdad pudiéramos contar con un sistema de transporte, ya no digamos de primera, pero al menos no de quinta…

1 comentario:

Joyrider dijo...

Totalmente de acuerdo, qué descaro!

La otra vez me subí a un micro que olía casi casi a veneno, al parecer tenía un fallo y no podía ir a más de 20 kms/hr, por unos momentos se detuvo, fue un trayecto infernal.

Si tan sólo llevaran música bonita todo sería un poco más aguantable, pero no...

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