12 mayo, 2008

Lo que tiene una que soportar

Ayer me subí a un taxi. Cada vez que me subo a uno evito a toda costa interactuar para evitar situaciones incómodas. ¡Y tengo razón! ¡Ayer el taxista se depilaba las cejas con una pinza en los altos! Una mezcla entre repulsión e indignación tal que me tuve que bajar del taxi. Las desventuras en transporte público nunca terminan.


3 comentarios:

Carpy dijo...

A ver, nunca te has limado las uñas en tu escritorio? Nunca has visto a alguien con una torta en su escritorio o que alguien se pinte las uñas o vea el espejo para estar segura de que no tiene ni un solo cabello fuera de lugar? Por qué criticas al pobre taxista? Eso pasa hasta en las mejores familias!!!

Camila dijo...

Si también pasa en las oficinas! EN cada uno de mis trabajos he encontrado gente que se corta las uñas cerca de mi. Si quieren sacarme de quicio sólo tienen que hacer esto Y en general yo no me pinto las uñas, y generalmente mi peinado consiste en estar todo fuera de lugar y las raras veces que me quito las cejas suelo hacerlo en la intimidad de mi hogar. Por eso critico al muy puerco!!!!!

Olga Fabila dijo...

Comparto tu sentimiento, yo también me hubiera bajado del taxi.
Pero también lo puedes ver así... encontraste algo peor que una señora depilándose en el carro, ¡Un señor! y para colmo taxista, al menos encontramos un especimen todavía más repulsivo en la basta cadena de la fodonguez.

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