29 agosto, 2009

Castigo a la excelencia

Una de las primeras cosas que aprendí ahora que estoy de regreso en la escuela, es que en este mundo se castiga la excelencia. Por ejemplo, somos un grupo de 80, y los 40 que redactan mejor fueron escogidos para el grupo de Redacción Avanzada, lo cual incluye un curso intensivo de una semana en la que se tuvieron que quedar horas extra, mientras que nosotros los burros salíamos temprano. Ahora los burros tenemos clase de redacción una vez a la semana, en horas hábiles y los listos no se pueden ir a su casa mientas que nosotros aprendemos el abecedario.

En un ejemplo menos parroquiano, Semenya, la atleta sudafricana de 18 años, "que ha sido capaz en unos meses, entre febrero y agosto, de bajar de 2m 3,7s, una marca del montón, a 1m 56,72s, la mejor del año; una atleta que no deja indiferente a quien se cruza con ella, aunque sólo sea por su físico, contundente y musculoso, y que corre los 800 metros como quien lava, sin abrir la boca siquiera y a la velocidad que le apetece. (...) Mientras al salir a toda velocidad las demás corren como pollos sin cabeza, ella va que parece que esté simplemente haciendo jogging".
¿Y además de dos medallas de oro y una de plata que ganó esta excelente atleta? Que le hagan un examen médico para comprobar que si sea mujer...




Por el contrario, a los pobres perdedores que pagan sus impuestos a tiempo, como el predial, la tenencia, y otros muchos tantos, nadie los felicita, no siquiera se les da una paleta de caramelo; pero los verdolagones, irresponsables que nunca pagan y se hacen güeyes, tiempo después se les premia, se les condonan las multas y recargos, se les dan facilidades de pago, o se renegocian sus deudas.

Volviendo al ejemplo escolar, los que hacen sus tareas, lecturas y participan activamente en clases, la mayoría de las veces son los más molestos y los que le caen mal a todos por que gracias a sus agudas preguntas y brillantes intervenciones nunca podemos salir a tiempo de clases.

Estas situaciones me hacen pensar en la poca conveniencia de ser una persona excelente; parece mejor cultivar el "justo medio aristotélico", lo cual en mi mal entendimiento es lo mismo que la mediocre medianía, el bajo perfil, el mínimo esfuerzo.

Como se dijo, casi nunca el más estudioso, ni el más cumplido, ni el que saca las mejores calificaciones es el más popular (salvo en el caso de Rafa), pero los procrastinadores podemos darnos el lujo de hacer amigos y y ser populares (o no) y dejar todo al último momento y de todos modos salir del paso, y en muchas ocasiones no sólo "damos el gatazo" sino que parece que nos esforzamos; en estos casos no es un castigo directo a la excelencia, pero si un incentivo a la mediocridad.

3 comentarios:

Nilbia dijo...

Noooo yo había decidido cambiar! Entonces me quedo tal como soy!?

Adriana Degetau dijo...

bienvenidos a mi mundo.

Xavier dijo...

Bueno, ser hábil para ser mediocre es un arte también. Los sobresalientes no entienden el trabajo que ponemos para ser invisibles y poco importantes, pero más felices y más tranquilos. La etiqueta de chinguen al guapo está genial.

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