30 agosto, 2006

¡Y dicen que el dinero no compra la felicidad!

Hoy salí de mi casa y busque en el árbol donde siempre la dejo, y no estaba mi bicicleta! En un primer momento pensé: “tal vez la subí a mi piso y no me acuerdo”. Subí a cerciorarme de que no hubiera cometido un estúpido error, pero no fue así, en efecto no estaba mi querida y fiel bicicleta "Arrastrada", compañera en muchos gratos momentos.
Tras el desconcierto inicial, y siendo conciente de que no puedo estar en esta ciudad sin bicicleta, pensé en comprar una por internet, después reflexione que la mayoría de las bicis de internet son robadas, luego entonces me decidí a no hacerles el caldo gordo a los malhechores y me dirigí a la tienda de deportes más cercana y compre una nueva y radiante bicicleta, que le devolvió la luz a mi vida.
La moraleja de esta historia es que soy una persona verdaderamente afortunada, dado que todos mis problemas pueden resolverse con un poco de dinero. Seré una persona plenamente realizada el día en que el dinero con que resuelvo mis problemas sea mío.

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