28 junio, 2007

La Eterna Pregunta

Hace algunos veranos, me encontraba holgazaneando el la casa materna en la bonita y soleada ciudad de Boca del Río, Veracruz, cuando en un esfuerzo por detener mi lenta, pero segura, transformación en un vegetal mi H. Padre me invitó a una comida con un especialista en caballos de visita en su Universidad. Ni tarda ni perezosa y haciendo honor a mi segundo nombre, "comida gratis", me dispuse a saborear las marítimas viandas.

El amigo de mi papá era un señor proveniente del Bajío Mexicano y por demás pintoresco. Uno de esos señores jocosos, chaparritos, panzones y bigotones que tanto color le dan a la vida. En el trayecto al restaurante pasamos unos departamentos de lujo nuevos, despampanantes y con vista al mar, el amigo de mi papá preguntó curioso por su precio y mi papá, a ojo de buen cubero, dijo una cifra exorbitante. El amable y bonachón señor, tras digerir la cifra que acababa de escuchar y con expresión resignada procedió a decirnos: "En momentos así yo siempre pregunto: Dios Mío, ¿Por qué no me hiciste rico, en lugar de bonito?"

3 comentarios:

Camila dijo...

Lo que yo siempre me he preguntado es, ¿por que, Dios, no me hiciste rica ni bonita? Acaso no decían que Dios no castiga dos veces...

Aline dijo...

No es un rayo? Un rayo no cae dos veces en el mismo lugar?

Camila dijo...

Tambíen podríamos remitirnos a "Dios da el frío según la cobija". Pero tampoco creo que sea cierto, porque nos dotó de una abundante y tupida cobertura capilar que hace las veces de cobertor aún cuando vivimos en un país tropical. Lo cual me lleva a por que mi bigote debería ser como los los rayos y no crecer 2 veces en el mismo lugar...

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