23 julio, 2007

San Salvador: resort, gourmet and spa

Acabo de regresar de mis muy merecidas vacaciones en San Salvador, paraíso tropical, rebosante de viandas, alegría y diversión. Pocas personas elegirían El Salvador como destino turístico, pero dado que tengo una estupenda amiga allá, decidí ir a gozar de la hospitalidad de su familia, es decir, decidí ir de gorrona. No podría decir que era lo que esperaba de mi visita, pero sin lugar a dudas, El Salvador rebasó todas mi expectativas.

La comida es deliciosa, por no hablar de lo abundante, el clima es perfecto, descontando el hecho de que estábamos en invierno, un invierno de 30°C, pero invierno al fin; preciosos y verdes paisajes, gente amabilísima y con un español por demás jocoso- me partía de risa cada vez que escuchaba a alguien pronunciar "16" como "diejisei"- ; una ciudad capital llena de vida y baile, reggetón en su mayoría, pero eso también se clasifica como baile.


Se calcula que aproximadamente hay 7 millones de salvadoreños; en mi opinión -y tome nota presidente Saca- debería ponerlos en una fila por estaturas y hacer salvadoreños de 2 pisos, con la finalidad de que por lo menos queden 3.5 millones de habitantes de tamaño normal.

Tres cosas fueron las que más me impresionaron del país:


-La gran cantidad de centros comerciales , incluso en comunidades rurales, en medio de la selva existe un centro comercial con grandes tiendas departamentales y todas las franquicias de comida rápida que a alguien se le puedan ocurrir, siendo la más popular indudablemente "El Pollo Campero". Está cadena parece ser la proferida de los emigrantes, lo deduje a partir del hecho de que la mayor parte de las personas que vi en el aeropuerto abordan el avión con una caja de pollo para llevar a "los Estados".


- La gran cantidad de iglesias cristianas de todas denominaciones conocidas o de reciente invención. En cualquier pequeño pueblo por lo menos habían 3 o 4 iglesias diferentes, todas ellas pletóricas de feligreses. Tengo la impresión de que muchas de las religiones que se practican en el país son endémicas.


- Caminos y carreteras en muy buenas condiciones, que no piden nada a los caminos de mi bello país, salvo que en el Salvador todas son gratuitas, no como aquí que tienes que pagar elevados peajes por caminos que ofrecen poca seguridad.




En resumen quisiera recomendar como destino en su próximas vacaciones o en su próxima vida, estimado lector, este hermoso y colorido país, que estoy segura que seguirá prosperando en los años venideros.

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