14 marzo, 2008

¿Dios estás ahí? Soy yo, Aline

Retomando el tema de los accidentes improblables pero que, de presentarse, resultan en una extrema vejación pública, vaya si tengo tela de donde cortar. Una de las simpáticas lectoras de este blog imploró a las víctimas de este tipo de accidentes que compartieran sus historias y, si bien no he experimentado en carne propia el descenso al fondo de una coladera (atarjea, les dicen en mi pueblo), si tengo vastas anécdotas que compartir con el fin de exponerme, esta vez, a la humillación pública en internet.

No sé si ya lo relaté en este blog, pero quizás, de todos los accidentes en los que me he visto envuelta el más estadísticamente improbable sucedió al estar vacacionando en las paradisíacas playas de Puerto Escondido, Oaxaca, en la semana santa del 2005, mientras yacía plácidamente en la arena y contemplaba los torsos desnudos de los surfistas que pululan la región. Toda esa placidez (y flacidez) fue súbitamente interrumpida por un golpe violento que pareció venir de la nada. Resulta que un grupo de paracaidistas de un club de Cuernavaca (de los deportistas, no de los que ocupan terrenos vacíos) se había lanzado de un avión en las cercanías y uno de ellos había tenido el tino de aterrizar en mi cabeza.

En pleno shock y desconcierto estaba totalmente enredada en los hilos del paracaídas del hombre cuando, todavía con el impulso de la caída, una ráfaga de viento nos arrastró por la playa. Cuando por fin nos detuvimos mi novio nos alcanzó corriendo, tras haber recogido la parte superior de mi bikini que se había desprendido en el camino (la cereza en el pastel). Fue en ese momento que el pazguato del paracaidas, en lugar de auxiliarme al verme tendida en la arena, con golpes y raspones, procedió inmediatamente a DISCULPARSE CON MI NOVIO, a asegurarle que todo el asunto había sido accidental y a jurarle por su madrecita santa que no había hecho contacto visual/emocional con mis bubies. Una vez que había obtenido el perdón DE MI NOVIO, el palurdo, ya con la conciencia tranquila, se largó arrastrando su paracaídas, sin siquiera cerciorarse de que no tuviera algo roto. Fue uno de los primero momentos en los que empecé a contemplar una vida fuera de México.

2 comentarios:

Ana dijo...

jajajajjaja, buenísimo pero siéntente privilegiada de que eres de las pocas personas en este mundo, si no es que la única que le ha pasado esto!!! eso si ves el otro lado de la moneda es un privilegio.

Camila dijo...

Recuerdo otros episodios de la vida de Aline que deberían ser contados en este apartado. Como la vez que se estrelló con un coche estacionado, o la vez que se golpeó el ojo con una puerta y todas sus AMIGAS asumieron que SU NOVIO la había golpeado.
En cuanto a mi, una vez casi muero cuando un taxista abrió la puerta cuando yo iba opasando veloz como un rayo en mi bicicleta. Alcancé a frenar, me salve de morir atropellada, me recupere del susto, e insulte con todo mi vigor al taxista. Pero cuando el amigo que iba conmigo me puso la mano en el hombro y me preguntó muy angustiado: "¿estas bien?", me cai de la bicicleta, me raspe las rodillas y los codos y pase una graaaaaaaaaaaan vergüenza

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