En el verano de nuestro descontento post-univeristario, mismo que La Pareja y yo pasamos completa y totalmente desempleadas, desmotivadas, desgarbadas y en calidad de saco de patatas en el calor de nuestros hogares (fue durante esa aciaga época, si no mal recuerdo, cuando sublimaba mis impulsos recorriendo el Superama de la Condesa y enfocaba mis energías en encontrar la perfecta esponja para lavar trastes, lo cual condujo a mi colección de utensilios de limpieza del hogar con tecnología de punta, todos ellos tan útiles como: una esponja para lavar trastes con un almacén de jabón integrado, un pela papas con un cepillo integrado -cabe recalcar que en esa época aún no consumía papas-, un removedor de telarañas que funcionaba con estática, etc. Lamentablemente, ninguno de estos utensilios despertó en mí el menor interés por limpiar mi departamento, pero digreso...), decidimos dilapidar nuestra juventud en sesiones maratónicas de discusión telefónica de temas de actualidad, mismas que invariablemente tenían como fondo la programación de la televisión matutina y como combustible los artículos menos expirados de nuestros refrigeradores.
He aquí un extracto representativo:
1 comentario:
Pareja, aquellos tiempos parecen ahora tan lejanos. Y aunque hayamos pasado por etapas de productividad, hayamos viajado, abandonado nuestros pueblos natales y el regazo materno, creo que nunca se no quitará lo inútiles y frívolas...
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